Han pasado más de tres meses desde que nació mi hijo, Blas, y ahora que estoy saliendo de mi burbuja de recién nacido y volviendo a la rutina, me siento lista para finalmente compartir mi segunda historia de parto.
En algún momento compartiré cómo ha sido la transición de un hijo a dos, pero por ahora, empecemos con el nacimiento de mi Blas :)
Advertencia obvia: voy a hablar de parto, lo que incluye fluidos corporales y menciones a vaginas y vulvas.
EL DÍA ANTERIOR
El martes 3 de diciembre comencé mi semana 39 de embarazo. Ya sentía que esta guagua podría llegar en cualquier momento. Mi guata era mucho más grande que en mi primer embarazo y mi intuición me decía que llegaría “antes de tiempo” (la fecha estimada de parto era el 10 de diciembre, el cumpleaños de mi mamá). Esa mañana desperté sintiéndome cansada.
El lunes le había preguntado a una amiga cuáles eran los síntomas de que el parto se acercaba, porque no me acordaba. Me dijo muchas cosas, pero dos que me quedaron grabadas fueron: “mucho flujo” y “diarrea”.
BUENO.
El martes desperté con diarrea. La ignoré, pero en mi cabeza pensé: “¿Y si estoy en trabajo de parto?”. Llevé a Luna al jardín y me sentía media húmeda, y cuando otra mamá me preguntó cómo me sentía, me escuché a mí misma decir en voz alta: “Creo que viene pronto, hoy me he sentido muy mojada”.

Pablo y mi hermano me habían regalado un masaje prenatal, y lo había agendado para ese día. Mientras iba al masaje, seguía pensando: “¿Y si el parto comienza durante el masaje?”.
El masaje fue GLORIOSO. Me despertaba a mí misma con el sonido de mis ronquidos.
En un momento, al final del masaje, sentí algo en el útero. ¿Era una contracción? ¿Estaba pasándome rollos? Quién sabe. Pero salí del masaje flotando en una nube.
Manejando, escuché un podcast sobre “cómo saber si estás en trabajo de parto” (jaja) y luego puse una playlist titulada “Inducir el parto 39+ semanas de embarazo”.
No tenía idea de lo pronto que llegaría este bebé.
Después de pasar horas en el auto con una guata enorme, fui a buscar a Luna al jardín. Me pidió que la cargara en brazos hasta el auto, y yo estaba completamente agotada. Resentí a Pablo por estar en el trabajo y no estar aquí conmigo.
Un poco de contexto:
Unas semanas antes, Pablo había decidido renunciar a su trabajo. Desde junio de 2024, ha estado trabajando extraoficialmente para freethemama, y últimamente, en su trabajo, estaba completamente distraído haciendo cosas para la marca. Después de una pelea con su jefe, decidió que ya no quería seguir empleado y quería intentar trabajar por su cuenta. Teníamos ahorros y era el momento.
Así que intentó renunciar, pero su jefe lo convenció de quedarse. Pero yo no lo quise aceptar. En mi mente, él ya había renunciado y estaría aquí para nosotras en el posparto.
Ya estaba CHATA. No podía imaginarme haciendo todo esto sola: criar a una niña pequeña, un recién nacido y manejar una empresa a tiempo completo.
Esa tarde me senté con Pablo y tuvimos una conversación larga. Básicamente le dije que este bebé no iba a nacer hasta que él renunciara al día siguiente. Acordamos que era el siguiente paso correcto (por muy aterrador que fuese) y nos fuimos a dormir a las 12 am.
A la 1 am me desperté con contracciones.
PREPARÁNDONOS PARA LA CLÍNICA
Dormité por una hora y media, tratando de contar los minutos entre contracciones, pero demasiado cansada para hacerlo mentalmente. Finalmente agarré mi teléfono, las cronometré y me di cuenta de que eran cada 3 o 4 minutos.
Y pensé: AH, MIERDA.
Recuerdo que en mi primer parto eran cada 10, 8 minutos y mi matrona me había dicho: “descansa, aún tienes tiempo”… pero ¿esta vez cada 3, 4 minutos?
Me di cuenta de que esta guagua venía rápido.
¿Y adivina quién no había empacado los bolsos de la clínica todavía? :’)
Síp. Así que desperté a Pablo y empezamos a empacar TODAS las maletas.
- Una para Blas.
- Una para mí durante el trabajo de parto.
- Una para mí después del parto.
- Una para Pablo después del parto.
- Y una para Luna, para quedarse con su abuela.
Llamamos a mi mamá varias veces, y entremos en pánico porque no contestaba. Eventualmente respondió (MENOS MAL) y se vino a recoger a Luna (y a nuestra perrita Chela).
También llamamos a mi matrona para avisarle que íbamos a la clínica, y estuvo de acuerdo en que ya era hora.
Y me puse a empacar todas las maletas (menos mal tenía todo anotado lo que quería llevar en cada bolso), surfeando las olas (contracciones) cada pocos minutos.
Mi amiga Noelle había parido hace cinco días y mencionó lo feliz que estaba de que alguien le hubiera recomendado ducharse antes de ir a la clínica. Considerando el estado de mi pelo, decidí hacer lo mismo. GRAN CONSEJO, súper recomendado entrar al hospital sintiéndote fresca.
Despertamos a Luna, nos despedimos y nos fuimos a la clínica.
Nos subimos al auto y miré el reloj: 3:33 am.
Lo tomé como una señal de que todo estaba fluyendo perfectamente :))
Me senté en la parte de atrás, sujetándome del asiento delantero, respirando a través de cada contracción. Llegamos súper rápido (y me sentí muy agradecida todo el camino, porque si esto hubiera sido de día, definitivamente nos habríamos quedado atrapados en un tráfico), y nos registramos en urgencias.
TRABAJO DE PARTO ACTIVO
La sala de urgencia es la peor parte del parto, en mi opinión. Estar sentada en una sala de espera, con otras personas mirandome, intentando de disimular que estoy en parto, pero claramente estoy en trabajo de parto, sin perder la concentración... es difícil. Luego nos llevaron a una habitación, donde nos hicieron preguntas que apenas podía responder, me pusieron los apósitos y la bata horrible de clínica, y entró una matrona con una actitud bastante desagradable. Dijo: “Voy a hacerte un tacto ahora” y yo le pregunté si podíamos esperar a que llegara mi matrona para que lo hiciera ella, a lo que me respondió: “No. Te voy a hacer el tacto ahora. Abre las piernas.” No sé si alguna vez te han hecho un tacto vaginal, pero duele más que la mierda, y esta mujer fue bastante agresiva con su mano. 0/10, no lo recomiendo para nada. Pero bueno, me dijo que tenía 6 cm de dilatación, lo que confirmó mi intuición de que este iba a ser un parto rápido.
En medio de mis contracciones, esta señora le preguntó a Pablo cuál era su profesión, y luego me preguntó a mí cuál era la mía. En mi cabeza pensé… “¿a quién chucha le importa!? ¡¡Solo llévenme a mi piezaaaa, por favorrrr!!” pero en la realidad intenté explicar que era coach / astróloga / empresaria? No tengo idea qué respondí, para ser honesta.
Se llevaron a Pablo a firmar unos papeles y me dejaron sola. Luego vino un enfermero con una silla de ruedas y me llevó a mi habitación. Las contracciones eran cada vez más fuertes y traté de hacer todo el trayecto con los ojos cerrados, para no distraerme. Pero una contracción fue tan intensa que tuve que pedirle que parara. Me bajé de la silla y empecé a balancearme y a gemir. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que estaba en medio de un pasillo / puente que unía dos edificios, como en un sexto piso. Así que, si alguien estaba mirando desde afuera, definitivamente vio mi poto. No hay nada como tener un bebé para perder todas tus inhibiciones jajaja.
Llegué a mi habitación y entró una enfermera a preguntarme si quería la epidural. Le respondí amablemente: “No voy a querer epidural y agradecería que nadie más me la ofreciera.” Se sorprendió un poco, pero asintió, bajó las luces y me dejó sola (contexto: tuve un parto fisiológico con Luna y planeaba tener un parto similar, sin medicación). Un rato después, llegó mi matrona, luego Pablo.
Puse mi playlist de “parto relajado” y me moví con mis contracciones. Mi matrona (una diferente a la de mi primer parto, porque estaba en otra clínica, pero igual de maravillosa) le enseñó a Pablo cómo darme masajes mientras atravesaba las olas de las contracciones. Hubo momentos en los que me desesperé. Pensaba: “Debí haberme preparado más para este parto, me duele demasiado.” Cuando venía una contracción, gritaba AAAHHHHHHHH y mi matrona venía y tarareaba OOOOOMMMMMMM para que pasara de un AHH más mental a un OMM más gutural, y eso realmente ayudaba.
En un momento, recordé toda la preparación que había hecho para mi primer parto. Como quizás recuerdes, tenía dos mantras que repetía durante el nacimiento de Luna:
“Puedo hacer cualquier cosa por un minuto”
y
“Cada ola me acerca más a mi bebé”
Así que empecé a repetir estas afirmaciones durante las contracciones, y fue tan poderoso escuchar el cambio en mi voz cada vez que me conectaba con ese conocimiento interno, con la certeza de que SÍ podía hacerlo. Pablo me ayudaba a volver al sonido OOOMMM y eso también me ayudaba mucho.
Me movía por la habitación, y cuando venían las olas, apoyaba los brazos en la cama, doblaba las rodillas y respiraba a través de la ola. Luego cambié a ponerme de rodillas en una colchoneta en el suelo y a apoyar los brazos en un mat de pilates. Le pregunté a mi matrona cómo sabríamos si era momento de pujar, y me dijo que lo sabría por el sonido de mi voz.
Y así fue. Unos minutos después (20 según Pablo), mi voz cambió y era momento de pujar. Escuché un alboroto de equipo de mi matrona y mi ginecólogo (ah sí, en algún punto había entrado a la habitación, me saludó, pero se quedó piola en un rincón porque sabe que la matrona hace la mayor parte del trabajo y aún no era su momento) y comencé a pujar. Yo quería dar a luz en posición de cuatro patas, pero no estaba funcionando. Habían estado monitoreando el latido del bebé de manera intermitente durante el parto, y después de varios intentos fallidos de pujo, dejaron de poder escucharlo.
Así que, en un momento de mucho pánico, me movieron a la cama. Yo quería parir en cuclillas, pero en ese momento, no me importaba en qué posición naciera mi bebé, solo quería que estuviera sano.
Me pusieron de espaldas, con las piernas arriba, y pronto pudieron volver a escuchar su latido. Todo bien. Seguí pujando y eventualmente me dieron una cuerda para tirar mientras pujaba, lo que me ayudó un poco. Pero me estaba cansando, y creo que en algún momento me rompieron la bolsa. No lo recuerdo bien. Sé que en un punto pujé tan fuerte que vomité un poco. Todo muy fino y elegante.
Finalmente, me acordé de pedir un espejo (mi matrona y yo habíamos quedado en que ella lo traería para el parto), y lo sacó. Lo puso frente a mí, le di algunas indicaciones para que pudiera ver todo claramente, y esto cambió todo.
Pujé unas tres veces más… ¡y salió!
Lloró un poco, los médicos entraron (hasta ese momento solo estábamos Pablo, mi matrona, mi doctor y yo) y lo revisaron rápidamente. Luego, lo subí a mi guata. La placenta salió rápido (menos maaaal porque la vez pasada tardó una eternidad), pero seguía con mucho dolor. Les pedí que, por favor, me dieran cualquier medicamento que necesitaran darme para no sentir más ese dolor. No quise ninguna droga durante el trabajo de parto, pero ahora que Blas ya había nacido, yo estaba como ¡DROGUENME AHORAAA! Así que me pusieron una aguja en el brazo y me inyectaron algo (ni idea qué), pero el dolor en mi vagina era brutal.
Es como que… durante el parto pude soportarlo todo, el dolor tenía un propósito y lo podía soportar. Pero en cuanto Blas salió, el dolor se volvió insoportable. Sentía un dolor punzante en mi vulva, mi doctor revisó y me dijo que no me había desgarrado, pero que estaba hinchada (eventualmente me pusieron hielo, pero solo lo hizo peor).
En fin. Puse a Blas en mi pecho y empezamos a amamantar. Igual que con Luna, me tomó un tiempo conectar con mi guagua. Solo podía pensar en el dolor y, ahora que sabía que el bebé estaba afuera y a salvo, colapsé en la cama con él encima. Eventualmente, Pablo cortó el cordón umbilical y nos dejaron solos para “la hora dorada”. Estaba emocionada por pasar una hora piel con piel con Blas… pero resulta que me cagó encima a los 3 minutos de haber nacido, así que mi guata quedó cubierta de meconio.
Al final, nos dejaron solos en la sala de parto por 3 horas porque necesitábamos que un pediatra hiciera un chequeo antes de podernos mudar a la otra habitación. Y aquí ya estaba congelándome y de muy mal humor. Ah, y mi matrona me trajo un helado como snack postparto, lo cual, mirando hacia atrás, no fue una gran idea considerando que el cuerpo necesita alimentos calientes en el postparto. Lo único que quería era que me limpiaran para poder ir a mi habitación, limpiarme, comer algo y dormir una siesta.
Finalmente, el pediatra llegó y pesó a Blas:
2.790 kg y 49 cm.
Solo 100g y 1 cm más que Luna. hago guaguas chicas, que querí que te diga jaja
CUIDADOS POSTPARTO EN LA CLÍNICA
Y con eso, finalmente nos dieron luz verde para ir a la siguiente habitación, donde pasaríamos los siguientes 3 días.
Apenas llegamos, Pablo fue al auto a buscar nuestras bolsas del hospital, y me quedé sola con Blas. En ese momento, entró una enfermera y me dijo que necesitaban llevarse a Blas para un chequeo de glicemia “inmediatamente”. Pero yo no podía moverme de la cama y Pablo no estaba. Así que dije que no. La enfermera insistió, “tiene que ser de inmediato”, pero yo me mantuve firme.
Verás, en mi primer postparto, todavía no había encontrado mi voz como madre y obedecía sin cuestionar. Luna nació en 2022, en plena pandemia, así que no nos permitían salir de nuestra habitación durante los 4 días que estuvimos ahí. Se la llevaban por horas porque tenía bilirrubina alta. Pero yo nunca podía ir a verla, por las restricciones del covid.
Así que esta vez fue un no rotundo. Este bebé no se iba a ningún lado sin su papá. Había esperado 3 horas para que nos llevaran a la habitación, y ahora, apenas llegamos, necesitaban llevárselo inmediatamente? Ni cagando.
Me mantuve firme, Pablo llegó 15 minutos después y él fue con Blas para su chequeo.
Ah, y en cada control (que eran varias veces al día) siempre había algo “mal” con él. O su temperatura estaba muy baja, o sus niveles de glicemia necesitaban mejorar. Yo solo pensaba: déjennos en paz, por favor. Sus niveles de glicemia van a mejorar con la lactancia, no con ustedes pinchándole los deditos y sacándole sangre todo el día. Al final, terminé siendo una paciente bastante “difícil”, pero creo que esta vez simplemente estaba mucho más segura de mis instintos maternos y no tenía miedo de decir “no”.
No es exactamente parte de la historia del parto, pero sentí que era importante compartirlo, porque fue parte de mi experiencia en la clínica.
AH, Y OTRA COSA IMPORTANTE:
Soy pescetariana en este momento.
¿Y la comida del hospital? Muy decepcionante.
Para el desayuno me daban pan blanco, con mantequilla, queso blando, galletas de agua y mermelada (foto aquí). Para los snacks y postres: tortas y unas manzanas bien tristes (cuando en diciembre hay frutas deliciosas por todas partes).
Acababa de leer The First Forty Days, y estaba deseando comidas coloridas y nutritivas. Pero en cambio, me encontré con comida blanca y sin vida. Hasta hablé con la nutricionista de turno y le expresé mi indignación. Le pedí que me dieran huevos en el desayuno y me dijo que “no era posible”. ¿Cómo que no era posible? ¿Qué tan difícil es hervir un huevo?
Fui inmensamente feliz cuando llegué a casa y pude comer comida de verdad otra vez. Y durante los siguientes cuarenta días, tuve la suerte de contar con la ayuda de otras mamás y amigas que me traían comida casera y me ayudaban con la casa.
Si algún día tengo más hijos, definitivamente consideraría un parto en casa. Siempre he querido uno, pero me han metido muchos miedos en la cabeza. Ahora que he tenido dos partos fisiológicos sin complicaciones, sé con certeza que sí puedo hacerlo.
No me molesta parir en una clínica. Mis dos partos en clínica han estado bien.
Pero lo que odio es la experiencia postparto en el hospital.
Comida horrible, que se lleven a mi bebé a cada rato, que entren a la pieza a las 6 am para cambiar la bolsa de basura (?!), o que vengan a apretarme las tetas y darme cátedras sobre cómo y cuándo debo alimentar a mi bebé (ya he hecho esto antes, gracias).
Si sueno molesta es porque lo estoy. Y probablemente lo seguiré estando.
Tengo demasiada energía de Acuario y odio que me digan qué hacer, así que realmente detesto la experiencia hospitalaria jaja.
Lo mejor de mi experiencia postparto en la clínica?
Que llevé mis pijamas freethemama. Estuve muuuuy cómoda con estos conjuntos, pude dar teta y sentirme más linda que con la bata de clínica. 20/10, full recomendado hehe
EN FIN...
Luna vino a conocer a Blas al día siguiente y, desde entonces, ha estado obsesionada con él. Convertirnos en una familia de cuatro ha sido un gran ajuste, pero por fin estamos encontrando nuestro ritmo.
Y Blas es el bebé más dulce del mundoooo. Todos estamos completamente enamorados de él.
Así que aquí estamos, al final de esta laaarga historia de parto (aunque el parto en sí fue muy corto – de 1am a 6am).
¡Gracias por leerme! Me alegra haberme sentado a escribir esto, porque ya se me estaba empezando a olvidar, y tuve que preguntarle a Pablo y escuchar algunas notas de voz para acordarme los detalles con claridad.
Te mando mucho amor,
Nati 💛
1 comentario
Me hiciste recordar tantas cosas de mi parto, que te lo agradezco infinitamente. Qué empoderado tu proceso!
Me gustaría parir de nuevo sólo para sentir que no soy novata y evitar los errores que cometí, y que cuando recuerdo aún me duelen.
Fuiste tremenda, qué relato más potente! Gracias por tu sinceridad y transparencia.